Quiere ser recordado como un buen compañero y no cabe duda que así será.

Ariel Quassi, no solo es uno de los 10 mejores nadadores paralímpicos que hay hoy en día a nivel mundial, es una persona sencilla, luchadora, fiel a sus sentimientos, a su pasión y que siempre tuvo su objetivo claro y no paró hasta alcanzarlo.

Con un recorrido ya hecho y a  meses de su participación en los Juegos Paralímpicos de Rio 2016, este tiburón se tomó unos minutos y charlo con Ukelelo para contarnos su vida y cómo será la misma después de retirado.

 ¿Cómo llegó la natación a tu vida?
La natación es un deporte que recomiendan mucho a cualquier tipo de discapacidad. Nací con una lesión medular, una discapacidad motriz y lo que le recomendaron a mis padres en su momento, fue llevarme a natación para comenzar con estimulación temprana.

Mi primer contacto con el agua fue alrededor de los 3 años y cerca de los 5 o 6 como vieron que tenía buena adaptación con el agua  y que me desenvolvía muy bien, me pasaron a la escuelita de natación. Desde ahí arranque el proceso vinculado a un desarrollo dentro del agua que tiene cualquier chico  no relacionado a una rehabilitación.

¿Cuáles fueron tus inicios?

Mi primer Club fue el Don Bosco, en Bernal. Estuve ahí hasta los 9 años y empecé mi primer escuelita de natación con quien después fue mi primer entrenador, Gerardo Bonfanti, profesor de Ed. Física y entrenador; y con quién arranque mi carrera deportiva.

Cuando cumplí 10 años, mi profe se fue para el Sporting de Wilde y me fui con él. Ahí arranque  a entrenar con el preequipo. A mis 13 años, Gerardo comienza a trabajar en el Club Mitre, en el centro de Avellaneda y me voy nuevamente con él, pero al estar más grande competía con chicos de mi misma edad a un mayor estado físico y se notaba más la diferencia. En el agua no pateo pero como de chico tenía un espíritu un poco competitivo, ya no me causaba tanta gracia el hecho de competir y que me sacaran tanta ventaja aunque entrenara a la par del resto. Mi entrenador tomó nota de eso y empezó a averiguar sobre el movimiento paralímpico. Esto fue en 1996.

¿Cómo  fue esa experiencia?

La difusión del movimiento era muy poca y no se tenía mucho conocimiento. Le llegó la oferta para hacer una prueba y fuimos en el 97’. La verdad que no sabíamos bien que estábamos haciendo pero como ya entrenaba teníamos una ventaja. Sabía lo que era estar dentro de un entrenamiento sistemático. Hicimos la prueba, quedaron un poco sorprendidos y al mes me invitaron  a participar de un torneo nacional, el torneo San Jorge, Santa fe. Fuimos y nos fue súper bien.

Ariel Quassi y su entrenadora Arraspide en los Panamericanos de Mexico

¿En ese torneo comenzó a forjarse tu carrera?

En realidad era muy chico, me gustó y estaba bastante nervioso más allá que mi personalidad me ayudó mucho en mi carrera deportiva. Era mi primera experiencia en un ambiente que no conocía. Hasta ese momento, había competido con chicos sin discapacidad y este torneo era todo lo contrario, no estaba acostumbrado a eso. Fue una experiencia un poco fuerte. Tenía 14 años y me creía súper grande pero ahora a la distancia me doy cuenta que era un nene.

No sé si ahí arrancó mi carrera deportiva. Creo que por lo menos a lo que me proyecté empezó después del primer gran evento que tuve, el primer Juego Paralímpico. Ahí es cuando tenés noción real de donde querés estar, cada uno puede elegir, cada uno tiene sus objetivos y sus metas. Siempre me había planteado la idea de ir a un Paralímpico pero la verdad no tenía idea de lo que estaba hablando. Creo que mi carrera deportiva se empezó a forjar desde ese momento porque me dije: “de este nivel no me quiero ir”; y tuve que empezar a ajustar todo lo que tenía que hacer para  poder seguir ahí. Más viviendo en Argentina que es un país que a nivel deportivo siempre la pelea de atrás.

Quiero que me cuentes como fue el episodio con Julián Weich

En el 98´ clasifico a un mundial donde no voy por mi temprana edad y además había una interna política en ese momento. En el 99‘ quedo clasificado en los Juegos Panamericanos de México pero como no había mucha difusión tampoco había presupuesto para el deporte, sumado a que el paralímpico no estaba equiparado con el deporte olímpico como lo sí lo está ahora. Entonces teníamos un presupuesto muy acotado y en la secretaria de deporte no nos pagaban el viaje. En realidad, junto con mi entrenador sabíamos que de una u otra manera iba a viajar. Junto a mi familia pensábamos que si bien no teníamos los recursos suficientes de algún lado iba a salir el modo de ir.

Una profesora de la secundaria, toma nota de esto y manda la carta a Sorpresa y Media.

En el club venían pasando sucesos extraños: limpiezas extremas en la pileta, notas extrañas pero como siempre partí de la existencia de que el programa estaba armado, lo último que me iba a imaginar era que iban a mandar una carta y segundo que el programa era real y que si sorprendían a la gente. Así que un día llegué a la pileta de Club Mitre y había una persona nadando, a quién traté de evitar en todo momento. Esa persona era Julián Weich. No caí en el momento, tardé un rato en darme cuenta (en realidad me di cuenta al toque pero no dije nada – risas).

Finalmente, la productora nos pagó el viaje, a mí y a 6 nadadores más. De por sí, uno ya va con la exigencia y los nervios propios de la competencia pero en mi caso se sumó la presión de canal 13. Imagínate que la producción entera me acompañó todos los días que duraron los Panamericanos, estaban los cámaras, el iluminador, el conductor, el sonidista. Fue mucha presión.

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¿Cómo te fue en la competencia?

En la primera prueba me fue terriblemente mal y pensé que era el fin de mi carrera. Después tuve 5 participaciones más, y en la quinta estuve en el podio que me permitió clasificar a los Juegos Paralímpicos de Sidney, mi primer juego.