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1979. #Independiente sacó campeón al fútbol. Destacado

- por Redacción EG: 10/01/2019 -

Un 10 de enero de hace 40 años Independiente derrotaba a River , con dos goles de un soberbio Bochini y se coronaba campeón del Nacional 1978.. Crónica, estadísticas, notas y fotos históricas.
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Rubén Pagnanini, Héctor Baley, Osvaldo Pérez, Carlos Fren, Hugo Villaverde, Enzo Trossero. Abajo: Antonio Alzamendi, Omar Larrosa, Norberto Daniel Outes, Ricardo Enrique Bochini, Alejandro Esteban Barberón.

Así se construye. El ingeniero Bochini manda levantar paredes; Fren, maestro mayor de obra, anda por todos los rincones ordenando; el capataz Villaverde tapa todos los agujeros; los obreros trabajan sin descanso. . . Larrosa pone cada ladrillo en su lugar; Alzamendi tiene un pico y pica, pica sin parar y voltea todo lo que se le pone adelante; Barberón es nuevo en el oficio, pero ya sabe lo que es participar de una obra grande.

Es Independiente.  Está levantando la casa donde vive el fútbol...  

Bochini, anulando a Passarella. El 10 de Independiente encaró antes de que el 2 de River pudiera recuperarse y sacó el derechazo cruzado que encuentra a Fillol a mitad de camino. Gol del Rojo.

Centro de Fren que sobrevuela el área y va Barberón. Se impone el puntero en el salto y frentea hacia el medio. Bochini, la toca al primer palo. Golazo y 2 - O.

Segundo tiempo. Fontana reemplaza al agotado Alzamendi y aunque no produce como el uruguayo, también llega. Palomita antes que llegue Héctor López y un centro que nadie conectó.

Los que no renuevan sus ideas, los que saben cambiar, ganan. Este concepto fue el fundamento real de la victoria de Independiente. Sus hombres habían reconocido que en el Monumental, por renegar de su fútbol, por no poner en práctica aquello para lo que están habilitados, sacaron un casi milagroso empate. Y entonces corrigieron, volvieron a la fuente. Precisamente aquello que River no supo hacer.

A RIVER LE FALTO VALENTIA PARA ENCARAR EL PARTIDO DE LA UNICA MANERA QUE PUEDE HACERLO: AGREDIENDO, ATACANDO.

A cambio de eso, se mostró timorato, dubitativo. Especuló aun sabiendo que no puede, y cuando quiso reaccionar cargaba sobre sus espaldas el peso tremendo de un equipo que se lo llevó por delante con un fútbol fresco, creativo, inteligente y —a no confundirse— CON UN NIVEL DE COMBATIVIDAD QUE LE PERMITIO RECUPERAR LA PELOTA OCHO DE CADA DIEZ VECES QUE LA PERDIO.

Fillol y una de sus tantas intervenciones espectaculares

Un primer tiempo espectacular. Porque Independiente no se confunde como en Núñez. Nada de marcas personales. Que se preocupe River. Ya a los 2 minutos Fillol le saca un chanfle corto a Larrosa y el rebote lo pierde Barberón por apurarse. Independiente está bien parado. Tiene un volante menos que River (Larrosa-Fren contra J.J. López-Merlo-Alonso), pero esos dos hombres producen mucho más en cantidad y calidad. Lo de Fren empieza bien, llega a muy bien y termina siendo excelente, rayano en lo brillante. Porque se encarga de Alonso sin seguirlo: simplemente le tapa caminos, lo atora, no lo deja maniobrar, retrocede con gran criterio y cuando llega al cuerpo a cuerpo, gana. Al recuperar la pelota, juega en grado superlativo. Entrega el pase del primer gol de Bochini e interviene directamente en el segundo. PELEO CREANDO, síntesis perfecta del volante integral. A su lado, Larrosa acertó y se equivocó. Lo primero más que lo segundo. Larrosa demostró ser un jugador, en el sentido más amplio de la palabra: se juega, arriesga pelotazos que a veces no salen, pero arriesga. Pierde muchas, pero cuando acierta, hay una gran dosis de belleza y efectividad en su fútbol. Arriba están Bochini y Alzamendi. Demasiado para una defensa de River incoordinada, que marca en línea, que nunca recibe el auxilio de relevos precisos.

El talento de Bochini se abre como una flor. Casi despide perfume. Se tira a la derecha aprovechando el terreno libre que se halla a la espalda de Alonso. Parte desde allí dejando rivales en el camino; toca y pide devolución; levanta paredes, inventa en velocidad. Su figura adquiere una dimensión descomunal. Es el dueño del partido. A su lado, al lado de quien lo necesite, la fuerza del uruguayo Alzamendi para perseguir a todos, para presentar batalla en todos los frentes, para picar y desbordar, para destruir a River por el flanco izquierdo de su defensa.

Atrás está Villaverde. El que gana siempre, el que llega a todos los cierres, el que se recupera en las situaciones más difíciles. El regreso de Trossero respaldó todavía más su labor; la notable mejoría de Pagnanini en la marca de Ortiz le dio a toda la defensa una efectividad, que si no fue completa se debe a que Osvaldo Pérez consiguió levantar su bajísima producción del Monumental en una mínima proporción.

Independiente debió golear. Su superioridad fue absoluta, total, apabullante. Para probarlo, bastaría —por oposición—mencionar que las ocasiones de River se redujeron a un tiro libre de Alonso, que sacó en forma estupenda Baley, y algún centro de Pedro González tras superar a Osvaldo Pérez. Todo lo demás fue rojo. Mientras River corría tras la pelota en-vuelto en un desorden alarmante, INDEPENDIENTE HACIA CORRER LA PELOTA. Esta fue otra de las grandes diferencias.

Final del partido. Independiente es el Campeón del Nacional 1978

Bochini rodeado de hinchas en la vuelta olímpica.

La invasión de hinchas para un merecido festejo.

Otra manera de describir el partido es preguntarse por qué River jugó así. Por qué volvió a cometer el error de darle a Bochini y su imaginación, tanto espacio. ¿No alcanzó con los problemas que el 10 de Independiente le creó en el primer partido? ¿River llegó a imaginar hasta qué punto cambiaría Independiente su actitud sabiendo que un gol en contra, simplemente un gol le significaría la derrota? ¿No hubo una voz que acicateara al abúlico Alonso para que dejara de juguetear lejos del arco de Baley y se juntara con el solitario Luque? Aquí no se trata de ensañarse con River porque perdió. Se trata más bien de recordar que cada vez que se encuentra con un equipo bien plantado, ordenado y creador, le entrega a sus solistas la conducción de la orquesta. Le sucedió contra Boca por la Copa Libertadores; vuelve a repetirse el caso ahora. Capitalizar experiencia no parece ser el fuerte de un núcleo de buenos jugadores de fútbol que no logran ser equipo. Independiente obtuvo un premio. El que recibe aquel que es consecuente con su filosofía y que, cuando la abandona ocasionalmente, regresa inteligentemente a ella. El que se logra jugando y jugándose por aquello en lo que se cree.

¿Para qué contabilizar paredes, "ladrillazos", picos que pican, cucharas, diagonales, rectas y círculos trazados por el ingeniero, órdenes impartidas por el maestro mayor de obra, directivas del capataz? ¿Para qué pormenorizar el exacto y paciente trabajo de los obreros si ya se sabe que el trabajo está terminado?

El 10 de enero de 1979 se terminó de construir el hogar donde palpita el fútbol. En el calendario tendrá una vigencia de trescientos sesenta y cinco días. Pero el calendario no lo es todo. Este título nacional de Independiente es un ejemplo: y los ejemplos perduran hasta hacerse inolvidables.

 

DEL VESTUARIO A "LA GATA ALEGRÍA"

“La Gata Alegría" estaba más contenta que nunca porque su casa se encontraba llena de campeones. De este lado de la mesa: Baley, Pagnanini. Larrosa, Barberón y Alzamendi. Del otro lado: Trossero, Carlitos Fren, el Beto Outes y Fontana. Un poco más allá: el profe Daguerre, Rigolino, Insaurralde y Pogany. Pero en este primer piso de la pizzería nadie tiene posiciones fijas. Por eso Chocolate Baley anda de wing en wing y el uruguayo Alzamendi baja de la mano de su señora para firmar otro autógrafo reclamado a los gritos desde abajo, mientras que Barberón y Fontana cambian de puestos, como en la cancha, y levantan el chop para festejar una vez acá y otra más allá. Y viene el Pato Alegría con tres y cuatro botellas de cerveza en la mano. sube y baja los escalones. "¡Marchen cinco de muzzarella!", y baja que te sube. "¡Vamos rojos todavía!"

Barberón, Insaurralde, Bochini, su hermanito Hernán, Larrosa, Pérez. Baley, Pogany, Magallanes y Villaverde. Después de la ducha los rojos siguieron festejando.

"La Gata Alegría" estaba más contenta que nunca porque entre la 1 y las 3 de las mañana del jueves campeón, las visitas prolongaban el festejo y hacían girar la moviola de los mejores recuerdos: la entrada de Fren, el primero del Bocha: el cabezazo de Barberón, el segundo del Bocha; la jugada aquella de Alzamendi; la de Outes que se gambeteó a medio River…

—Mirá si hacías ésa, Beto...

—Y si hago ésa me zambullo de cabeza en el foso y me quedo a vivir ahí. Lo que me da bronca es que me falto así, un cachitito así, para seguir con la pelota y meterme adentro del arco.

—Tenías razón vos, eh Beto.

Pastoriza trabajando en "La Gata Alegría", que se llenó de vida al recibir a los campeones. Todos se reunieron en el primer piso y el Pato se cansó de subir y bajar escalones llevando pizzas y cerveza.

—Claro, cuando volvimos a jugar en la mejor ubicación de cada uno, con el Bocha un poco más atrás y yo de punta, se hizo fácil. En la cancha de River, el cambio de puestos no los sorprendió a ellos y nos marcaron muy bien. Hoy no nos encontraban en ninguna parte de la cancha. Si no hubiésemos perdido tantos goles este partido terminaba con un resultado histórico.

—Este, éste es el que me dio la suerte —decía Carlos Fren— volviendo a sacar del bolsillo la foto de Sebastián, su hijo de 8 meses y le daba el vigesimocuarto beso de la noche.

Barberón y Fren pensaban en plural cuando se ubicaban del otro lado del Nacional en el tiempo.

"Porque con 9 partidos en primera yo salí campeón. Hace tres meses yo jugaba en Huracán de Tres Arroyos, casi sin gente en las canchas, y ahora me despierto de este sueño maravilloso. En esta final me pasó al revés de los otros partidos. Antes estaba muy nervioso en los momentos previos y cuando entraba a la cancha me tranquilizaba. Y ahora que dormí como loco y estaba lo más bien, cuando entré me temblaron las piernas y pasó un rato largo hasta que me pude serenar", decía Barberón. "Lo de esta noche es inolvidable. Quería tener un reloj en la muñeca y apurar las agujas para que terminara el partido de una vez y poder festejar. Independiente me dio todo en tres meses: un grupo de tipos sensacionales que me abrieron sus brazos de amigos, la posibilidad de jugar en el fútbol grande y este campeonato, el primero de mi vida, porque en Argentinos Juniors pasé por todas las divisiones, desde la pre novena hasta la primera, y nunca conseguí un título", contaba Fren. "¡Otra de muzzarella, cuatro balones más!", el Pato sube que baja y Larrosa suma que suma…

—En Boca salí campeón de tercera en 1967, de reserva '67 y '68, de primera en el Nacional del '70. Al año siguiente fui campeón con el Comunicaciones de Guatemala; en el '73 conseguí el título del Metro en Huracán; en el '77 el Nacional con Independiente. En 1978, después de la Copa del Mundo, conquistaba este nuevo campeonato con Independiente. O sea que ya perdí la cuenta...

En unas de las mesas, Fren y el matrimonio Alzamendi, que llegó a la Argentina hace ocho meses. El 29 de diciembre pasado nació su primer heredero, Marcelo Eduardo.

Y Enzo Trossero contando una y otra vez lo mismo.

—Creo que me volvía loco, si no jugaba esta final. El derrame era impresionante y el muslo se me puso violeta, pero de todas maneras me recuperé muy rápido. Me infiltraron antes de empezar el partido y tuvieron que volverme a infiltrar en el segundo tiempo porque si no no salía. Ahora sí que ya no tengo más fuerzas para nada…

Y el profe Daguerre abrazo va. frase viene.

—Después de pasar por momentos muy difíciles, con suspensiones y lesiones durante todo el año, con el problema que creaba inclusive la salida de los jugadores de la Selección, el grupo se reencontró en González Catán. Creo que ése es el punto de partida de esta historia. A nosotros nos había dado mucha vergüenza ese octavo puesto en el Metropolitano, y de la misma manera, el haber perdido la posibilidad de jugar las semifinales de la Copa Libertadores. Esos 10 días de trabajo intenso, mañana y tarde, nos dejaron a todos la misma obsesión: volver a lo nuestro, llegar a las finales del Nacional, ganar otro título.

Julio Grondona, su presidente, con Outes y Leone, quien tiene a su hijita en brazos. Hubo coincidencia en señalar que el mutuo entendimiento entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes fue fundamental

Y entre estos vasos que se siguen chocando está la Copa Libertadores de América del futuro.

—El 5 de febrero a la noche nos juntarnos en la sede del club y viajamos a Necochea a hacer la pretemporada, ya pensando en el inminente comienzo de la Copa. Después de los últimos abrazos y los últimos deseos de felices vacaciones, después de que el Pato Pastoriza anunció que viajaba inmediatamente a Rosario, “La Gata Alegría", la pizzería de Pastoriza, de Independencia y Pichincha, cerró sus puertas.

Y tan feliz como todos sus visitantes, tuvo un sueño campeón... 

 
 
 
 
 
 
 CARLOS FERREIRA Fotos: ALFIERI (Padre e hijo), GIMENEZ, I MAFFUCHE, FLORES, RICARDO LOPEZ, CARBALLO, FIGUERAS, HOROVITZ, ALDO MARTINEZ, ZUCCHERI, REMON y CALVIÑO.
 
"EL GRÁFICO"
 
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