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La fragmentación de #Independiente. Destacado

Por Eduardo Verona. "Diario Popular".
 
Aquella observación de Alfio Basile de 2001 que puede hacer pie en este Independiente fragmentado. La decisión de Ariel Holan de distanciar a Benítez de Meza. Y de no confirmarle una función por el medio a Sánchez Miño. Los tres, con buen pie, están subordinados a lecturas tácticas que los alejan y condicionan. El ejemplo que dejó Pep Guardiola en aquel recordado 4-0 del Barça al Santos. La teoría y el concepto
 
En los finales de 2001, Alfio Basile intentaba anticiparse a lo que iba a producirse al año siguiente en el Mundial de Japón y Corea, que terminó con Argentina eliminada en primera rueda y con Brasil levantando la Copa.
Y entre otras consideraciones, en una entrevista para la revista El Gráfico, nos comentó después del cierre formal de la nota: “Los mejores jugadores de un equipo son siempre los que circulan por el medio. Los que juegan por el centro. Porque son los que pueden armar, organizar y juntar al resto. Los que están en las puntas pueden ser muy importantes, pero salvo que sean monstruos del nivel de Garrincha o Houseman, no van a alcanzar la influencia de un jugador que toma decisiones en el centro de la cancha, como por ejemplo lo hicieron los mejores del mundo”.
El concepto de Basile puede definirse en una simple observación: los más grandes de la historia fueron esa clase de jugadores que se mueven por el medio: Pelé, Maradona, Di Stéfano, Cruyff y desde hace unos años, Messi, más allá de que pueda arrancar desde la derecha.
En Independiente, por citar un casos, las mejores individualidades en ataque y quizás los mejores del plantel, son Benítez y Meza. ¿Qué hizo Ariel Holan en el partido decisivo ante Unión, que lo dejó al Rojo fuera de la Copa Libertadores 2019? Ubicó a Meza y Benítez como punteros por derecha e izquierda. No los juntó por el medio, que es donde más rinden. Los separó, en definitiva y cuando la derrota en la agonía del partido se asomaba como inevitable, los liberó para frecuentar cualquier sector.
Holan fue sensible y funcional a su consigna. A su esquema. A su naturaleza para interpretar el fútbol. ¿Cuál es esa consigna? Privilegiar el sistema. Priorizar la táctica, como si la táctica determinara lo esencial del juego. Holan es un rehén del sistema. Del que elija para la ocasión en virtud de las circunstancias o de las emergencias.
Esa mirada muy férrea y dogmática no le permite ver que ciertas características de los jugadores tienen que estar por encima de los dibujos tácticos. Por ejemplo, Benítez y Meza tienen la necesidad de entrar en forma permanente en contacto con la pelota. De asociarse entre ellos. Y si Sánchez Miño fuera el volante de salida que acompañaría a Domingo en lugar del uruguayo Diego Rodríguez, el equipo dispondría de tres jugadores con buen pie en el centro para elaborar juego.
Este mensaje, es precisamente, el que desarrolló en algunas ocasiones Pep Guardiola en el Barcelona con Xavi, Iniesta, Thiago Alcántara, Messi y Fábregas. En aquel brillante y recordado 4-0 al Santos de Neymar en la final del Mundial de Clubes en 2011, el Barça jugó sin un punta definido. Todos a crear fútbol y a controlar la pelota y el ritmo del partido. El baile fue infernal.
La búsqueda no es acercar ninguna comparación al Barcelona, porque aquel Barça era incomparable. Pero es reflejar la idea de juntar a los que tienen una sintonía similar para construir lo que demandan las necesidades. Es una cuestión de sentido común que por supuesto también es aplicable al fútbol. Y se nutre de una clara orientación estratégica. No táctica.
Holan, naturalmente, tiene una formación teórica. No solo porque no haya sido jugador de fútbol. Hubo grandes entrenadores que nunca jugaron profesionalmente al fútbol como el italiano Arrigo Sacchi (ideólogo de aquel extraordinario Milan de finales de los 80, integrado por Baresi, Maldini y los holandeses Gullit, Van Basten y Rijkaard), pero receptivo a la sensibilidad y perfiles de esas estupendas individualidades.
Holan, en cambio, parece más cerrado o hermético en su observación del fútbol. A pocos semanas de arribar a Independiente en el amanecer de 2017, expresó en FoxSpors, revelando la génesis de su pensamiento: “Siempre hago foco en el sistema y no en la alineación. Un sistema en defensa y otro en ataque. Después si lo llevo a la practica con tres, cuatro o con cinco jugadores, no importa”.
Esa subordinación explícita al sistema lo convirtió en un teórico y un tecnócrata convencido. Y en un hombre alejado del diálogo e intercambio futbolístico, aunque quizás parezca lo contrario. La confesión que hizo en un programa de televisión partidario hace algunos días no lo dejó bien parado. Dijo Holan hasta con cierto énfasis y orgullo no disimulado: “A mí me gusta mandar. Yo nací para mandar. Y si los que me rodean no lo entienden, no es mi problema”.
No respiraron amplitud, inteligencia ni generosidad sus palabras. Si nació para mandar es porque él considera que otros nacieron para obedecer. Un viejo y decadente prejuicio de clase. Esa lectura verticalista y maniqueista de la realidad no es bien recibida ni en el fútbol ni en ningún otro ámbito, salvo en las academias y liceos militares y en otros escenarios de bajísima densidad intelectual.
Le falta más concepto y le sobra táctica y sistema a Holan. Seguramente a partir de esta dinámica que lo envuelve en lugar de juntar en la cancha a los que mejor juegan (Benítez, Meza y Sánchez Miño por el centro), los separa y una sociedad probable queda disuelta. El alto precio que se paga es la fragmentación de Independiente.
 
"DIARIO POPULAR"
 
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