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La década olvidada. Destacado

Independiente atraviesa un nuevo momento delicado, otro más de los que aparecieron en los últimos diez años. Quizás no tanto como algún golpe que nos dejó tirado en la lona, pero el hartazgo, la impaciencia y la falta de productividad futbolística, materia prima de la institución, llevan al hervidero completo de una olla, que está por rebalsar.

Por: Julián Barral; WWW.ELGRANCAMPEON.COM.AR.

Discúlpeme asiduo lector de esta página. Perdóneme por no poder centrarme, en esta ocasión, de llevar a sus ojos las calificaciones del partido correspondiente al fin de semana en cuestión. Pero me suena burdo, querer transmitirle a usted mis sensaciones luego de una derrota, con un nivel nefasto, que cualquiera que vio el partido pudo advertir.

Prefiero sinceramente, en esta ocasión, explayarme un poco más, romper con los moldes presentes en la actualidad del fútbol del “diablo” e intentar hacer un repaso de los últimos tiempos de esta institución. Lejos estoy de hacer una simbiosis con el slogan de uno de los partidos políticos que hay en nuestro país, pero me resulta oportuno poder tenerlo fresco en la mente para poder redactar estas líneas.

Trazamos una línea de tiempo y nos situamos diez años atrás. En donde la época “comparadista” aún reinaba en el club, y con ya cuatro años luego del último campeonato obtenido en el 2002. Paso de jugadores, técnicos y muchos nombres aparecen, reinan en nuestros planteles, que se ven poco inundados por jugadores provenientes de nuestras divisiones inferiores.

¡Y claro! Usted y yo, más que nada usted, si es un lector de aquellos que peinan algunas canas, podrá decirme que este no es el Independiente que usted vio. No es el equipo que derrumbaba míticos estados, dejando a los más grandes arrodillados ante el despliegue deportivo que podían demostrar nuestros futbolistas. Seguramente, no debe asemejarse a aquellos planteles que salían de gira por todo el continente en busca de nuevas hazañas, mayor cantidad de títulos y con una sed insaciable por ganar todo lo que se cruce por su camino.

Pero es así. Aquellos que nacimos algunos años más adelante, apenas pudimos sentir la felicidad por algún que otro campeonato que aparecía por ahí. Lejos de la actualidad que les tocó vivir a los de más de cuarenta, cincuenta y sesenta años. Podremos aparecer como una generación perdida, que no tiene tanto ese paladar, pero que puede releer la historia para saber quiénes somos y dónde estamos parados.

La tormenta que empezó a generarse años posteriores a aquella nueva estrella bordada al lado de nuestro escudo en el 2002, apaciguó un poco, luego de ocho años. En donde los de mi generación, pudimos comprender y tomar un poco más la noción de dar una vuelta olímpica, con una Copa Sudamericana, obtenida en el año 2010.

Sin un gran plantel, probablemente con apellidos de menor envergadura a los que poseemos actualmente, pero que logró calmar las ansias de un nuevo trofeo para las vitrinas, que tan colmadas se vieron durante las décadas del ’60 y ’70, especialmente.

Pero vamos un poco más acá en el tiempo, luego de la época de Julio Comparada como Presidente, a la cual dejaré su libre albedrío de poder calificarla, llegó el período de Javier Cantero como conductor de la institución.

Nuevamente, malas contrataciones, decisiones que lo llevaron al borde del abismo como dirigente, una pasarela de técnicos que desfilaban por los pasillos del club, generaron un cóctel peligroso que terminó de digerirse de mala manera, con aquel año fatídico del 2013.

Me dirijo nuevamente a usted, señor lector, y a su sensación que debe tener al rememorar ese momento. Si para mí, con 21 años, es difícil y se planta un lagrimón al redactar estas líneas, no quiero imaginarme de usted, que vivió a Bochini, Bertoni, Pavoni, Navarro, Barberón, Santoro e infinidad de figuras que llevaron el nombre Independiente, a lo más alto del podio mundial.

Seguramente me dirá, ¿hace falta recordar esto ante esta situación?, a veces es bueno saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos. Me jacto de las declaraciones de nuestro actual técnico, Gabriel Milito, al decir que, “la historia está para repasarla y construir a partir de ella”. Y está en lo cierto “mariscal”, pero no solo debemos repasar una parte de ella, sino el completo, para poder entender actualmente, los resquemores que nos llevaron a este Independiente, el que conocí yo.

Pero prosigo con el relato. Luego de una temporada para el olvido en una de las categorías que no es propia para nuestra institución, apareció Hugo Moyano, con su promesa de regreso a los primeros planos, a la vuelta de los títulos y el enaltecimiento de nuestra institución en todos los planos.

Moyano, apareció como la carta salvadora, quizá sí a nivel institucional, ya que, con esta comisión directiva, estoy seguro, se llegó a un equilibrio parcial a nivel económico-institucional. Pero lo deportivo, sigue en el pasivo.

Tres técnicos ya son partícipes de esta conducción: Jorge Almirón primero, con su idea de “juego lindo”, no convenció a los hinchas, con quien tuvo una relación distante, debido a distintas determinaciones que tomó en su rol y debió irse. Luego, Mauricio Pellegrino, con una ideología más conservadora, mantuvo un buen porcentaje de puntos, pero sus matices como entrenador y pragmatismo en la cancha, lo llevaron a dar un paso al costado, más que nada por las flaquezas que aparecieron en los partidos chivos.

Gabriel Milito es el último y, tal vez por eso, el más próximo a analizar. El “Gaby” llegó como conocedor de la historia de esta entidad, formado en las divisiones menores, campeón y con un gran apoyo de la hinchada. Pero, no sería el primer “ídolo” –concepto que también deberíamos debatir- que podría irse por la puerta de atrás luego de ponerse el buzo de entrenador.

Con su llegada el horizonte y frente de expectativas era amplio y promisorio. Con tres competencias por jugar, está claro que el fanático depositó su granito de confianza en, al menos, una de ellas.

Analizamos entonces, la idea del D.T, con la escuela de Guardiola y la vanguardia europea, plasmó y dejó en claro desde un principio que su juego se iba a basar en la tenencia del balón y presión bien alta para generar peligro con sus jugadores, apoyándose en el 4-3-3 como esquema.

Pero la vida, como todo, es dura y golpea cuando uno menos lo espera. Una inesperada eliminación de la “Copa Argentina”, en el primer partido oficial, cerró un frente y una chance de jugar la próxima Copa Libertadores de América. Un poco más adelante, un ventiluz de esperanza golpeó tras dejar en el camino a Lanús –último campeón doméstico- en la Copa Sudamericana.

Las esperanzas parecían abrirse en el certamen internacional, con un cuadro accesible y rivales de no tan alto voltaje –respetando la historia de cada uno- parecía una chance clara para poder volver a coronarse. Pero, un nuevo cachetazo a la historia propia llegó, tras ser eliminados con el modesto Chapecoense, en una fase que, siendo sinceros, debimos perder en los noventa minutos.

Hoy, el panorama es completamente distinto. Con una única competición, a cinco puntos del líder de turno en el torneo, y con un Milito mirado de reojo por los hinchas, la realidad fue más dura de la esperada por todos a principio de semestre. Y, con el tupé de querer ingresar a la máxima competición internacional, a través de un partido desempate, por la ventana, contra Atlético Tucumán. O peor aún, pidiendo una invitación a la Conmebol, algo insólito y que desintegra nuestra naturaleza viva.

El hincha dijo basta. No se le puede exigir más. Pero también es su culpa., la tuya la mía, la de todos. Porque la lógica tribunera del aguante, imperó más que el viejo paladar de exigir, por la grandeza del escudo que hay que representar, aplaudiendo a rabiar un corte del balón, un despeje o simplemente a un hombre que se pueda sacar a un contrincante de encima.

Culpables somos todos, por dejarnos así y no saber hacia dónde queremos apuntar. O mejor dicho, sabemos lo que queremos, pero no cómo hacerlo. La desesperación por volver a ser, nos llevó a este tambaleante barco, del cual no sabemos, todavía como bajar.

Nuevamente, y para cerrar, discúlpeme lector y espero entienda mi necesidad de expresarme con usted y poder sacar mi rabia de encima, con el afán, el anhelo de que todo haya sido un sueño y no una consecución de años nefastos. Quiero entenderlo y vivir la realidad que usted vivió en su momento. Dejar estos momentos detrás y volver a ser lo que fuimos.

"JULIÁN BARRAL"
"WWW.ELGRANCAMPEON.COM.AR"

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