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INDEPENDIENTE: Marcone personal.

Milito está interesado en sumar a Iván, quien es fanático del Rojo. Pero Lanús lo compró hace poco y no será fácil cumplirle el deseo.

Marcone ya fue pretendido por el Rojo en otros dos mercados de pases.

Por: Favio Verona, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Pasaron 1.690 días. Fue el 6 de mayo de 2012. Con un contundente 3-1 en Sarandí, Arsenal acababa de hundir aún más a un Independiente que comenzaba a sumergirse en la tabla de los promedios. Gabriel Milito, quien empezaba a meditar la posibilidad de dejar el fútbol, se dirigía cabizbajo hacia el vestuario cuando un tímido joven de 21 años tomó coraje y le fue a pedir la camiseta. Ese juvenil que logró su objetivo de llevarse el souvenir de su ídolo era Iván Marcone, el volante central que hoy pretende el Mariscal para reforzar a su equipo en el 2017.

El Rojo podrá realizar sólo dos incorporaciones. Y Milito desea que el volante de Lanús sea una de ellas. Lo cierto es que no será sencillo mudarlo a Avellaneda. No todos los directivos de Independiente están convencidos de traerlo. Intuyen que van a exigir una suma importante teniendo en cuenta que el Grana hizo uso de la opción de compra en el último receso y desembolsó 1.300.000 dólares para adquirir al 5, quien firmó contrato por tres años.

Es difícil, pero no imposible: Marcone es hincha de Independiente e incluso en más de una oportunidad se lo ha visto en la popular del Libertadores de América. “Jugar en Independiente sería un sueño para Iván”, le comentaron a Olé desde el entorno del jugador. Y eso es precisamente lo que mantiene vivas las esperanzas. Con 26 años, Marcone está además en la edad justa para dar el salto a un club grande y su fanatismo podría ayudar a inclinar la balanza.

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INDEPENDIENTE: "Es verdad que nos faltaron huevos".

Pellerano sin filtro: avaló el reclamo de los hinchas por la caída contra Racing y admitió lo que pocos se animan. Además, exculpó al DT: "Su mensaje es claro".

Hernán Pellerano bancó la idea de Milito.

Por: Favio Verona, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Hay derrotas hirientes. Actuaciones oprobiosas que dejan secuelas, marcan un quiebre y sacuden con fuerza el orgullo de los futbolistas. El 0-3 con Racing fue una de esas caídas. Son varios los jugadores que se sintieron humillados, aunque pocos los que se atrevieron a reconocerlo. “A veces no tenés tu mejor día, pero lo disimulás mostrando actitud y con eso podés zafar. Lo preocupante es que no sólo no tuvimos nuestro mejor día, sino que ellos tuvieron la actitud que a nosotros nos faltó. Lo peor que puede pasar es que, además de no tener confianza, falte actitud”, disparó Hernán Pellerano, sin sonrojarse. El defensor parece ser ajeno a un ambiente que suele funcionar como reserva natural para la preservación de los lugares comunes, las frases prefabricadas y las declaraciones para salir del paso. Siempre transmite lo que piensa sin filtros, apelando a la transparencia y sin tener en cuenta la repercusión. No es habitual escuchar palabras como las que disparó en Independiente en la Uno (FM 103.1). “Lo de los huevazos que nos tiraron en la previa al partido con River fue el reclamo más fuerte desde que estoy en el club. Si fue así es porque no demostramos nada. Con eso (los hinchas) nos marcaron que nos faltaron huevos contra Racing. Y eso es verdad. No les podemos decir nada. Siempre que no haya agresión, el hincha tiene derecho a putear porque es el que paga la cuota, el que sufre y va a todos lados. Fue un reclamo merecido”.

El capitán y líder del vestuario hizo catarsis, como si tuviese la necesidad de desahogarse: “La cabeza tiene que ver, pero también hubo responsabilidad nuestra porque no jugamos con el carácter con el que debíamos afrontar un clásico. La actitud no se trabaja, la tenés o no. Nosotros no la tuvimos y podríamos haber perdido 5-0. El partido fue una locura, una vergüenza. Lo peor que te puede pasar es no poder mirar a la cara a tus compañeros. En mi carrera jamás había vivido algo como lo que sucedió esa noche”.

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En Independiente, los campeones no conservan las recetas de la gloria.

De Trossero a Cristian Díaz, nueve ex jugadores de los Rojos no lograron como técnicos darle títulos al club; Milito está complicado

Jonathan Wiktor, PARA LA NACION.

Pastoriza, Bochini, Garnero, Santoro y Milito, ídolos y entrenadores del Rojo. Foto: LA NACION

Seis meses después de haber sido presentado como técnico de Independiente , Gabriel Milito camina sin escalas a la consolidación de una estadística negativa: en los últimos años, la mística, ese abstracto que en el fútbol presupone una magnitud inexplicable, no fue transferida por los entrenadores que, como jugadores, consiguieron al menos un título en el club de Avellaneda. El ADN ganador, el puño de hierro con el que el Rojo forjó su grandeza, es algo de lo que sólo habla el recuerdo. Milito no es la excepción.

No hay en el corto plazo alternativas que reparen el decepcionante semestre, en el que Independiente quedó eliminado de manera prematura de las copas Sudamericana y Argentina; tras las caídas ante San Lorenzo y en el clásico con Racing, quedó a diez puntos de Estudiantes. Lo más importante, salvo una levantada feroz en el campeonato, ya quedó atrás.

Nada de eso tiene un componente extraño. Es, incluso, un capítulo más: desde el comienzo del siglo XXI hubo nueve procesos confirmados encabezados por entrenadores que, cuando jugaban, fueron campeones en Independiente. Ninguno de ellos, con estilos distintos, pudo torcer el rumbo.

En junio de 2001, en medio de una fuerte crisis económica y política, Independiente probó con Enzo Trossero, que ya había estado en ese puesto y venía de dirigir a la selección de Suiza. Pero no pudo ni adentro ni afuera y se fue luego de 24 partidos, con nueve triunfos, seis empates y nueve derrotas, entre torneo local y Copa Mercosur.

Un breve interinato de Bochini-Clausen no pudo apagar el fuego. Bochini se apartó y Clausen , que luego sería multicampeón en el fútbol de Bolivia, tomó las riendas. El equipo mantuvo su caída libre: de once partidos solo ganó tres. La situación era desesperante. Sólo el dinero traería aire fresco: con un plantel inyectado de refuerzos, el Tolo Gallego , formado en Newell's y con historia en River, se convertiría en el entrenador y conquistaría el Apertura 2002, el último torneo local de Independiente.

A fines de 2003, José Omar Pastoriza , experto en títulos, volvió al club. Pero Independiente no funcionó, más allá de algunos partidos puntuales. Dirigió 26 partidos, con siete victorias, diez igualdades y nueve caídas. El rosarino murió en funciones, el 2 de agosto de 2004, por un síncope cardíaco.

El lugar de Pastoriza lo ocupó Daniel Bertoni, quien perdería su puesto en poco más de tres meses, producto de los malos resultados. Siete caídas en 16 juegos interrumpieron su trabajo, incluso criticado por Bochini, su viejo amigo. Por un tiempo, el afecto mutuo se vio resquebrajado, al borde de la ruptura. El tiempo volvería a juntarlos.

Jorge Burruchaga , criado en Arsenal pero recordado por sus títulos en Independiente, fue contratado como DT a mediados de 2006. Los hinchas vieron con entusiasmo la conducción del campeón del mundo. En el Apertura de ese año, con actuaciones de alto vuelo, el Rojo terminaría en el cuarto lugar, detrás del campeón Estudiantes, Boca y River. Sin embargo, en el torneo siguiente, el Clausura 2007, comenzaría el derrumbe. El primer triunfo de aquel certamen recién llegaría en la quinta fecha: en ese momento ya se hablaba de la continuidad de Burruchaga. En la décima, tras caer 2 a 0 con Godoy Cruz, se terminaría su ciclo.

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Milito: el dogma que asfixia.

Eduardo VeronaPor Eduardo Verona; "DIARIO POPULAR".

Independiente le ganó a River pero el equipo no arranca. Su conductor, Gabriel Milito, pidió en los días previos al partido jugar con mayor soltura. Precisamente la soltura que él en función de los sistemas y de las obligaciones que impuso le fue cercenando a los jugadores. La ausencia de libertad y los cambios permanentes activaron la crisis.
Milito: el dogma que asfixia

Mediodía del jueves 1º de diciembre. En el marco de una conferencia de prensa en el predio de Villa Domínico, Gabriel Milito, afirmó: "Debemos soltarnos más, relajarnos y eso nos hará competir como queremos".

Las palabras del joven entrenador de Independiente revelan algo interesante para analizar: le pide al plantel lo que él precisamente provocó con su prédica tan afín al tacticismo y a los sistemas. ¿Qué es? Despojarse de rigidices y jugar con mayor frescura y naturalidad. Jugar sin ataduras, en definitiva.

Milito puso en evidencia lo que viene asfixiando al equipo y condicionando sus respuestas futbolísticas. No parece casual que a partir de su arribo como técnico de Independiente, no son pocos los jugadores que comenzaron a perder nivel en los rendimientos, como Cuesta, Tagliafico, Ortíz, Rigoni, Benítez y Vera, por citar algunos casos muy evidentes. En lugar de crecer, decrecieron. En lugar de mejorar, empeoraron. Esta es la tendencia que se fue profundizando con los partidos.

Esta necesidad que siente Milito de capturar plenitudes a favor de la aplicación estricta de los sistemas, nos hace recordar lo que planteó el entrenador rumano Stefan Kovacs (dirigió desde el 71 al 73 al Ajax de Johan Cruyff, que disputó la Copa Intercontinental con Independiente en 1972), quien de visita en la Argentina en diciembre de 1984 en una entrevista publicada en La Razón, nos comentó: "Demasiadas consignas tácticas limitan a los jugadores".

Kovacs, reconocido laboratorista e impulsor del fútbol total en sintonía directa con Rinus Michels (técnico también del Ajax, el Barcelona y de la extraordinaria Holanda 74), le ponía un freno a esos valores. Sostenía hace 32 años lo que hoy aqueja a Independiente: un exceso de consignas tácticas perturban la naturaleza del juego. Y de los jugadores. No enriquecen. No liberan. No generan mejores condiciones para desarrollarse. Por el contrario: someten, asfixian. Milito de alguna manera lo advirtió. Por eso reclamó después de la paliza infernal que le propinó Racing más soltura y una actitud más relajada.

En realidad, reclamó salir de esa jaulita. De la jaulita en que están en primerísimo plano todas la obligaciones tácticas. Y todos los deberes. Lo que Milito no tendría que  olvidarse es que el fútbol nunca fue una cuestión de hacer los deberes. De cumplir a rajatabla con las indicaciones. De seguir ordenes como autómatas. De mirar al banco para buscar la aprobación del técnico. Esos niveles de obediencia que el equipo viene ejecutando no son generadores de búsquedas creativas. Obturan la creación. La niegan, aunque Milito no pretenda eso. Pero sin pretenderlo, promueve eso.

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"Heridas que no cierran y sangran todavía"...

Había quedado malherido el equipo después de Racing, el equipo y nosotros. La pasada semana no fue fácil para ninguno de nosotros, heridas difíciles por no decir imposibles de cicatrizar.

“De cada amor que tuve tengo heridas,
heridas que no cierran y sangran todavía,
error de haber querido ciegamente
perdido en el torrente de burlas y mentiras”
                    Julio Sosa

Hablo por ejemplo de la relación de Milito con los jugadores, porque una cosa es lo que el DT declara en la semana, prefirió el silencio los primeros días, y otro el discurso para adentro, la crítica que se debió haber hecho a puertas cerradas, la del planteo y la de los rendimientos individuales.

También como quedaba la reciprocidad de los directivos con Milito y con algunos jugadores. Parte de los popes parece bancar a Gaby, sin embargo desde México en la semana algunos diarios de ese país daban cuenta de contactos de alguien ligado al Rojo con Matías Almeyda, que ya había sido contactado temporadas atrás pero que luego fueron desmentidos desde Mitre 470.

Y por último la que nos toca a todos, la relación del público que en general por lo que uno habla le apuntaba en primer lugar a algunos jugadores,  y no así con Gaby con el que parece no se tuviera en cuenta, no se evalúa si es o no capaz de desempeñar el cargo, y se los mira con cierta indulgencia por su pasado como jugador y su cariño hacia la divisa Roja como si eso fuera suficiente. Y en último lugar la relación de la gente con la dirigencia, que es criticada por algunos por la conducción centralizada en dos personas que a veces actúan con tozudez y que no se acercan a escuchar a otros que más saben del tema fútbol, pero que justifican su accionar en el hecho de que han mejorado a la institución en otros rubros, argumento que no está en discusión pero que si el fracaso deportivo persiste en algún momento va a caducar.

Entonces y reiterando, de todas estas relaciones la que parecería estar intacta es la de Miito con la gente, más luego del partido con River, tuvo el apoyo casi unánime de los concurrentes al LDA dejándonos a algunos la duda de si fue o no espontáneo, no así los jugadores que fueron recibidos a huevazos (¿Cómo ingresaron con el estricto cacheo del fuimos objeto?) y al final y luego del triunfo mezclaron algunos aplausos con muchos silbidos, dando creo un veredicto de a quienes han hecho responsables de la debacle contra la Academia

Cambió Milito contra los de Nuñez, entendió o le hicieron entender que su táctica no tenía los intérpretes adecuados y pasó a un clásico 4-4-2 que parece adaptarse mejor a este momento del equipo.
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